Poesía


EL DON DEL ESCRIBIENTE

Soy pobre de dedo al aire,
soy tan humilde de bolsillo
que las suelas retrasan mis pasos
chapoteando en la lluvia.

Miro como un relámpago
el amplio desván de la calle,
pensando en la puta vida del hombre
 azotado en la miseria.

Mientras camino, a los lados,
hay murmullos, cuchillos afilados
que me apuntan descarados.

¿Quién se creía ser?

¡Miradlo ahora!

¡A lo que condujo su mentira
cuando desplegaba su pluma
con mujeres inventadas!

Cretinos, huérfanos de sueños
que no oyen su desolado rumbo.



Soy pobre, pero no estoy solo,
cierro los ojos y de pronto,
 aparecen húmedos los jardines,
con sus flores tan puras y livianas,
tan efímeras al paso de las horas
que sueño para regarlas de nuevo.

¿Qué sabrán de los versos
más allá de donde las bocas murmuran
y la tinta se acaba?

Ellos no entienden como descansar
la memoria en una estrofa enamorada.





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